En 1982 el día 21 de septiembre ha sido establecido por la ONU como el día internacional de la paz. Las Naciones Unidas, las comunidades y los individuos son invitados a parar para reflexionar sobre las causas de la violencia y las hostilidades en todos los niveles. Las áreas donde hay guerras son invitadas a observar el alto al fuego y a la no violencia. Se han pasado ya 29 años desde que en ese día se proclamó la celebración mundial por la paz. Ciertamente, ha habido progresos a nivel personal y social, pero obviamente, todavía hay mucho por hacer. Vamos a reflexionar, orar y sembrar iniciativas que puedan promover la paz y la no violencia entre nuestros vecinos, comunidades y sociedades.
Estamos llamados a trabajar como embajadores de la reconciliación (2 Cor 5,18-20):
“Todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación: es Dios quien está reconciliando al mundo consigo en Cristo, no llevando en cuenta los pecados de la gente en contra de ellos. Y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios os exhortara por medio de nosotros. Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.”
Llamados a colaborar activamente en esta “nueva creación”, estimulados no sólo por la muerte del hijo de Dios en la cruz, sino sobre todo, por su resurrección, tenemos el encargo de orar y trabajar por una nueva creación sin odio, y violencia mutua. Entre las iniciativas para este día internacional en favor de la paz, la Preciosa Sangre Ministerio de la Reconciliación (de la Provincia de Cincinnati y Kansas City), organiza un periodo de 100 días de oración convocando a la gente, dondequiera que se encuentre, a “hacer oír su voz”. Vamos a unirnos a ellos, como CPPS adhiriendo en todo el mundo a su campaña.
Compromiso de no-violencia (en forma de Oración por John Dear, SJ, 2009)
(Dirigente) Invito a todos los presentes, a recitar juntos el compromiso de la no violencia, que vamos a tratar de practicar y vivir en nuestras vidas siguiendo el ejemplo de Jesús:
En el nombre del Dios de la paz y de la no-violencia de Jesús, me comprometo hoy a vivir, practicar y enseñar la no violencia de Jesús,
- renunciar a la violencia y a no cooperar con la violencia del mundo;
- amar a cada uno como mi hermana y hermano;
- responder a la violencia con amor y no tomar represalias;
- perdonar a aquellos que me han hecho algún daño y reconciliarme con ellos;
- aceptar el sufrimiento proveniente del trabajo por la justicia, en vez de infligir más sufrimiento;
- vivir más sobriamente, uniéndome a toda la creación;
- colaborar con los otros para la abolición de la guerra, la pobreza, las armas nucleares, el calentamiento global y la violencia;
- seguir la no-violencia de Jesús en el camino de la cruz y en la vida nueva de la resurrección, sabiendo que mi vida está en las manos de Dios, y consciente de que la vida, el amor y la paz son más fuertes que la muerte, el odio y la guerra;
- buscar el reino de Dios y de la no-violencia para el resto de mi vida;
- promover y enseñar el mensaje del Evangelio de la no violencia.
Que el Dios de la paz, derrame en mí su la gracia y su fuerza para cumplir esta promesa y me transforme en instrumento de la paz de Dios. Amén.
Texto: Felix Mushobozi, CPPS, General Curia
